viernes, 6 de marzo de 2020

Día 16 Jaipur

(De María) 

Se me ha olvidado contar que nuestro guía Manu, que es un hinduista profundamente espiritual, todas las mañanas, desde que estamos con él en Udaipur, nos hace una bonita y sentida meditación en el bus para cargarnos de energía cada nuevo día.

Nuestra primera parada hoy fue en el Palacio del Viento (Hawa Mahal). La aventura comenzó, antes de entrar... atravesar la calle para tomarle fotos a la fachada. Casi me le cuelgo al guía Manu para pasar al otro lado sana y salva. Los tuk tuk, motos, carros no paran, las zebras casi inexistentes son un decorado más en este país. Vemos al primer domador de serpientes en la via y los vendedores ambulantes nos siguen enervando. Foto de rigor  tomada y despachando vendedores entramos al Palacio.






Han pasado los siglos y de ese palacio se conserva principalmente su impresionante fachada: más de 900 ventanas enmarcadas por columnas y cúpulas de arenisca rosada, fieles a la estética de Jaipur. 
El palacio debe su nombre al sonido que el viento producía cuando entraba por sus rendijas y ventanales, un viento musical que al mismo tiempo lograba que el palacio se mantuviera fresco y aireado incluso en los momentos más sofocantes del verano.



Fue construido en 1799 por orden del Marajá Sawai Pratap Singh. Servía como extensión de la ‘zenana o cámara de las mujeres‘ destinada al harén. La función original del edificio era la de permitir a las mujeres reales observar la vida cotidiana de las calles de la ciudad sin ser vistas.


Es probablemente el ícono más representativo de esta ciudad rosada. Es el máximo exponente de la arquitectura Rajput con algo de influencia mongol.

Salimos para dirigirnos al Observatorio Astronómico por recovecos y atajos. Vemos el barrio con cabras, gallinas en la calle, ropa tendida, artesanías secando al sol, mugre... pero curiosamente fascina.




¡En el mercado una aparición! Un almacén de maletas en el que varios compañeros de viaje invierten en este preciado objeto para llevar las maravillas de este país. Termos de cobre, objetos varios, telas, se cruzan en el camino.




Llegamos al Observatorio donde está el reloj de sol más grande del mundo y otros aparatos de medición. Se construyó a principios del siglo XVIII y se conoce como Jantar Mantar. Fue un capricho del marajá Sawai Jai Singh II, muy aficionado a la astronomía. 


Visitamos ahora el City Palace. Pero.. antes de entrar de lleno al Palacio, un almuerzo delicioso en el restaurante que queda adentro del complejo, Restaurante Baradari. 



El palacio fue también construido por el Maharajá Jai Singh II en piedra rosa característica de la ciudad y de la región.




La arquitectura del palacio es una mezcla de la arquitectura tradicional de Rajastán con la arquitectura mongol. Tiene varios patios, jardines y edificios. Está rodeado por una muralla por lo que es considerado como un palacio fortificado.















Al salir de este lindo sitio... se nos volvió a atravesar en índigo indio y algunos manteles y colchas que, quienes compraron maleta nueva no dudaron en comprar... bellezas.





Terminamos el día en el Restaurante Paladio, lindísimo, en colores azules, y con una terraza con chimeneas y lucesitas, con Gin Tonics dobles y vino tinto que acompañaron un rico menú italiano.



jueves, 5 de marzo de 2020

Día 15 Jaipur

(De María)
Hemos probado cosas deliciosas hoy en nuestro hotel, el Hilton de Jaipur. El personal es muy amable y allí tienen un horno de pan que saca exquiciteces frescas permanentemente. El buffet es variado y delicioso. Ofrece un amplio desayuno occidental y mil cosas de la cocina india muy especiales. Como el estómago ha dado a algunos ciertas sorpresas, optamos por el desayuno tradicional.

Jaipur es una ciudad relativamente moderna, fundada en el siglo XVIII por el marajá Sawai Jai Singh II que trasladó aquí su corte desde la antigua capital de Amber que era donde estaba situado el Clan Kchvaha de los Rajput, establecido en el lugar a partir del siglo XI. Es la capital del estado de Rajastán. Se le conoce como la "ciudad vieja" o "ciudad rosada" por el característico color de sus edificios.

Nuestra primera actividad en esta lindísima ciudad es ir a Amber Fort que queda a más o menos 10 kms de Jaipur en la localidad del mismo nombre.

El fuerte, que se divisa a lo lejos desde la carretera, está ubicado en una posición única y estratégica sobre una colina y en él se fusionan estilos hindúes y musulmanes.

Desde que estamos en el bus, Olga nos advierte sobre los vendedores ambulantes. Son en realidad desesperantes y se le botan a uno encima, hasta de forma agresiva, con tal de vender cualquiera de sus productos. 

Lo primero que vemos al llegar a la parte baja del fuerte es el parqueadero de elefantes donde empezamos a tomar fotos. Ellos nos llevarán hasta lo alto. Son nobles, mansos y bonitos. Nos garantizan que los tratan bien y que no trabajan más de cuatro horas diarias.

Antes de subir al “embarcadero” (¿elefantero?, ni idea como se dirá), nos entregan y ponen turbante a cada uno. De un anaranjado fuerte del color de las flores marigold nos empezamos a sentir como transportadas a otra época. La subida en elefante es bastante movidonga y siguen desde el piso los vendedores y fotógrafos enervándonos con sus gritos.







La construcción empezó en 1592 por orden del Marajá Man Singh. Su color cálido es debido a la utilización de mármol blanco y arenisca rosa y beige.

Al llegar arriba, en el patio central está la Ganesh Pol, una fantástica puerta decorada con esculturas , grabados y mosaicos , es impresionante su belleza, color, su similitud con encajes y brocados.


El Jai Mandir o Salón de la Victoria tiene techos llenos de espejos y tallas en mármol de diferentes motivos.





Al palacio de las mujeres se entra por un túnel, y sorprende con lindos frescos en las paredes en colores lilas y rosados, color especial de esta ciudad fascinante.








La visita dura más de dos horas que se nos pasan a mil. La bajada del fuerte no es en elefante sino en jeep, y este mismo nos llevará hasta el Museo Anokhi.



Es un museo chiquito y lindo, hay una colección textil de la técnica de estampación con bloques muy especial e ilustrativa.

Al salir vemos por primera vez el cielo gris y nos aprestamos a ir a almorzar. Olga recomienda un restaurante delicioso en un antiguo palacio que hoy es un hotel. ¡Lleno de flores de todos los colores y unos rincones románticos y sugestivos, apenas nos sentamos empieza un diluvio universal! Cae un granizo del tamaño de canicas y mientras tanto disfrutamos de un almuerzo indio delicioso acompañado de tres botellas de vino rosado portugués que nos sabe delicioso. 


Al salir, los lindos jardines están totalmente inundados y la ciudad tiene el agua al tope. 

Difícil el tráfico y seguir turisteando por lo que paramos en un almacén del museo llamado también Anokhi donde toda la moda es una reinterpretación de las telas y colores en diseños contemporáneos con esta misma técnica.

Volvemos al hotel y hasta mañana.

Colores y contrastes de la India