(De María)
Se me ha olvidado contar que nuestro guía Manu, que es un hinduista profundamente espiritual, todas las mañanas, desde que estamos con él en Udaipur, nos hace una bonita y sentida meditación en el bus para cargarnos de energía cada nuevo día.
Nuestra primera parada hoy fue en el Palacio del Viento (Hawa Mahal). La aventura comenzó, antes de entrar... atravesar la calle para tomarle fotos a la fachada. Casi me le cuelgo al guía Manu para pasar al otro lado sana y salva. Los tuk tuk, motos, carros no paran, las zebras casi inexistentes son un decorado más en este país. Vemos al primer domador de serpientes en la via y los vendedores ambulantes nos siguen enervando. Foto de rigor tomada y despachando vendedores entramos al Palacio.
Han pasado los siglos y de ese palacio se conserva principalmente su impresionante fachada: más de 900 ventanas enmarcadas por columnas y cúpulas de arenisca rosada, fieles a la estética de Jaipur.
El palacio debe su nombre al sonido que el viento producía cuando entraba por sus rendijas y ventanales, un viento musical que al mismo tiempo lograba que el palacio se mantuviera fresco y aireado incluso en los momentos más sofocantes del verano.
Fue construido en 1799 por orden del Marajá Sawai Pratap Singh. Servía como extensión de la ‘zenana o cámara de las mujeres‘ destinada al harén. La función original del edificio era la de permitir a las mujeres reales observar la vida cotidiana de las calles de la ciudad sin ser vistas.
Es probablemente el ícono más representativo de esta ciudad rosada. Es el máximo exponente de la arquitectura Rajput con algo de influencia mongol.
Salimos para dirigirnos al Observatorio Astronómico por recovecos y atajos. Vemos el barrio con cabras, gallinas en la calle, ropa tendida, artesanías secando al sol, mugre... pero curiosamente fascina.
¡En el mercado una aparición! Un almacén de maletas en el que varios compañeros de viaje invierten en este preciado objeto para llevar las maravillas de este país. Termos de cobre, objetos varios, telas, se cruzan en el camino.
¡En el mercado una aparición! Un almacén de maletas en el que varios compañeros de viaje invierten en este preciado objeto para llevar las maravillas de este país. Termos de cobre, objetos varios, telas, se cruzan en el camino.
Llegamos al Observatorio donde está el reloj de sol más grande del mundo y otros aparatos de medición. Se construyó a principios del siglo XVIII y se conoce como Jantar Mantar. Fue un capricho del marajá Sawai Jai Singh II, muy aficionado a la astronomía.
Visitamos ahora el City Palace. Pero.. antes de entrar de lleno al Palacio, un almuerzo delicioso en el restaurante que queda adentro del complejo, Restaurante Baradari.
El palacio fue también construido por el Maharajá Jai Singh II en piedra rosa característica de la ciudad y de la región.
La arquitectura del palacio es una mezcla de la arquitectura tradicional de Rajastán con la arquitectura mongol. Tiene varios patios, jardines y edificios. Está rodeado por una muralla por lo que es considerado como un palacio fortificado.
Al salir de este lindo sitio... se nos volvió a atravesar en índigo indio y algunos manteles y colchas que, quienes compraron maleta nueva no dudaron en comprar... bellezas.
Terminamos el día en el Restaurante Paladio, lindísimo, en colores azules, y con una terraza con chimeneas y lucesitas, con Gin Tonics dobles y vino tinto que acompañaron un rico menú italiano.








































































